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lunes, 29 de junio de 2015

GRECIA: CRONICA DE UN FINAL ANUNCIADO



La situación desesperante que vive Grecia hoy, con gente durmiendo a la intemperie en las calles de Atenas o usando velas de noche en sus hogares, por no poder pagar las tarifas de luz, hoy sinceradas, más los efectos de la medida anunciada el viernes por Tsipras, de aplicar un "corralito" bancario (60 euros por día y por persona), a partir de hoy, apenas suavizado con cierto privilegio para los jubilados (con un haber promedio de 400 euros mensuales) y extranjeros y el transporte público gratuito, es el corolario de una larga pero triste historia de mentiras, demagogia, complacencia e irresponsabilidad colectiva, nacional y suprancional. Independientemente del resultado del referéndum del domingo 5, donde el pueblo helénico debe decidir por la afirmativa o la negativa, su destino: mantenerse o no en el euro y definir austeridad o "Grexit", respectivamente, el destino griego está sellado, con el necesario ajuste de sus cuentas y las consecuencias para sus habitantes, por un buen tiempo, porque en ninguno de los dos casos, existe otra alternativa, excepto el grado de velocidad o gradualismo con que se ensaye semejante experimento. De todos modos, vale la pena reflexionar por qué Grecia ha llegado a este punto de su involución histórica, para aleccionar a futuro, a otras naciones, que creen ingenua e insólitamente, que todo lo que viven, es producto de factores exógenos, una explicación siempre disponible, sobre todo, en estos tiempos de globalización.

Todo este festival de despilfarro y borrachera de gasto público que azotó Grecia, empezó en los años setenta, incluyendo a sus gobiernos militares (1967-1974). Estos, enfrascados en su conflicto territorial con Turquía, por Chipre, requirió una carrera armamentista absurda, que hoy tiene sus enormes efectos devastadores. Pero luego del aventurerismo de los uniformados, continuó entre 1974 y 1989, con los gobiernos socialdemócratas y conservadores de Papandreu y Karamanlis, quienes se alternaron en el poder y condujeron lenta pero inexorablemente a Grecia a la ruina. Al igual que otros "modelos democráticos" -Venezuela, en el Cono Sur-, ese bipartidismo racional, enfrente de un país discutido en términos de DDHH, como Turquía, le permitió a Grecia, recibir el mismo beneficio que la España postfranquista y la Portugal posterior a los coroneles, es decir, el ingreso en 1981, a la hermandad europea y una década más tarde, a la eurozona. Pero nada cambió positivamente. La fiesta de exceso de gasto y endeudamiento prosiguió y Grecia llegaría al colmo de organizar los Juegos Olímpicos de 2004 -hoy, la infraestructura deportiva está vacía y abandonada-.

Cuatro o cinco años más tarde, junto con la crisis financiera global, Grecia entró en debacle. La gestión de Papandreu (hijo) fue aun más desastrosa y evidente que la del padre, carecía de su liderazgo convincente y blanqueó la situación que se venía incubando desde hacía tiempo. La UE intentó solucionarla de la manera estándar: salida democrática vía los neoconservadores griegos y en última instancia, una tecnoburocracia bendecida por Bruselas. Los últimos siete años fueron un ajuste sobre ajuste, cuasinnecesario, políticamente débil, poco coherente, con suba de impuestos, negociaciones permanentes con sectores sociales, para cortar gastos, devaluaciones e inyecciones por 250.000 millones de euros, por parte de los hoy exigentes prestamistas europeos. Los mismos, que antes toleraron y hasta aplaudieron, falseamiento de estadísticas oficiales, subestimación de deudas y corrupción por doquier. Los políticos tradicionales fueron tardíamente castigados en las urnas en los últimos meses, Grecia quedó a merced de los partidos extremistas (Syriza, populista y exculpatorio a la UE, "protector" de la clase media adicta al gasto y Aurora Dorada, de ultraderecha, nacionalista retrógrada) y finalmente, ganó el primero, con el liderazgo de Tsipras. La historia de los últimos meses, fue un largo e inútil escenario teatral, donde Atenas y Bruselas jugaron al "gato y al ratón", con promesas y extorsiones de un lado y del otro, timing político y agotamiento burocrático, hasta desembocar en la situación de hoy, donde caen las Bolsas, hasta en Asia, tiemblan países como Chipre, Eslovenia, España, Portugal e Irlanda (los débiles de la eurozona) y como resulta obvio, toda la estantería financiera global, se ve sometida a una imprevisible sacudida.

Grecia es otro ejemplo, otro mal ejemplo, de cómo un país, puede ingresar en una espiral de caída inexorable, cuando tanto la elite como la población, intentan vivir más allá de sus posibilidades. Películas como "Zorba el Griego" y "Mamma Mía", nos recuerdan ese otro rostro alegre y relajado de la vida griega, alimentada por toda Europa. Hoy, el costo de esa faz, está a la vista. 

Esta semana, observaremos si el reclamo de Estados Unidos a los europeos de ofrecerlos a los griegos, la reestructuración sustentable de su deuda externa (170 % de su PBI) o una última carta de negociación por parte de Tsipras al Eurogrupo, pueden cambiar el curso de esta historia antes del domingo. Si mañana Grecia, una "Argentina sin soja", con apenas turismo, no deposita los 1.500 millones de euros en un primer tramo de intereses al FMI (acreedor de sólo el 10 % del total de la deuda griega), entra a jugar el reloj del default.