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viernes, 12 de junio de 2015

CEFERINO REATO Y EL ORIGEN DEL RELATO K



Como siempre, desde 2013, en que lo conocí, aunque ahora mucho más mediatizado por sus apariciones diarias en "Intratables" -por lejos, el mejor programa político en Argentina, a pesar de su origen chimentero-, fue un lujo escucharlo anoche y esta mañana en la Fundación Libertad. Pausado, sesudo, meticuloso en su análisis, repasa el capítulo más negro de la historia política y económica argentina desde la restauración (o inauguración) democrática plena en 1983: la crisis del 2001. Dejando atrás sus exitosos libros sobre los trágicos años setenta, el politólogo entrerriano Ceferino Reato, estrena su obra nueva, referida a aquella crisis, pero para explicar el origen del propio kirchnerismo. Lo "contextualiza" como le gusta afirmar a la Decana platense, Florencia Saintout. 

Así, responsabiliza de manera llamativa, en mayor grado, al alfonsinismo y su líder, "Padre de la democracia", que al peronismo, en la caída de De la Rúa. Recuerda que "los peronistas le votaron todas las leyes de ajuste a la Alianza", pero algo se quebró, sobre todo, con el nombramiento de Cavallo al frente de Hacienda, entre Alfonsín y el ex alcalde de Buenos Aires. La elección parlamentaria de 2001, con un masivo voto nulo y en blanco,  atemorizó a Duhalde y Alfonsín, quienes tramaron la necesidad de la caída. Pero el contexto ya era favorable, en términos ideológicos y sociológicos. La coalición devaluacionista estaba preparada desde hacía tiempo; Estados Unidos, ahora bajo Bush (hijo) le había retirado su apoyo a los países endeudados con el FMI; una creciente ola reestatista avanzaba en el mundo pero sobre todo, en América Latina y los emergentes y, las necesidades coyunturales, internas del propio Duhalde, enfrascado en su lucha sin cuartel y venganza contra Menem así como la de Alfonsín, aferrado a salvar al radicalismo de la debacle general, se conjugaron para precipitar el fin del gobierno delarruista. La propia Iglesia Católica, con Bergoglio al frente, los gremios y los empresarios industriales, también apoyaban fuertemente la salida de la Convertibilidad, a pesar de la oposición de buena parte de la población a semejante salto al abismo, como lo afirmaba un interesante artículo del sociólogo de la UBA, Gerardo Adrogué en Clarín de aquellas jornadas aciagas.

El período Rodríguez Saá también es muy bien descrito por Reato, sobre todo, la interna palaciega en el propio peronismo, su heterogéneo e inexperto gabinete, excepto Grosso y Vernet y las deslealtades de De la Sota y el propio Duhalde, especialmente, cuando tomaron conciencia de la intención del excéntrico puntano de violar el compromiso de los sesenta días al frente de la Rosada. El gobierno cuasiparlamentario de Duhalde es rescatado por Reato, por sus méritos en enderezar el rumbo de un país a la deriva, aunque obviamente, el comienzo del boom de la soja, las retenciones y el apoyo de los gobernadores y del alfonsinismo, fueron decisivos para sostener al mismo. La posibilidad de ungir a Kirchner, uno de los ex "niños mimados" de Cavallo, junto con Ramón Puerta, sin prestar atención a su eventual deslealtad posterior, fue uno de los instrumentos con los cuales, Duhalde, le terminó propinando el golpe de gracia al menemismo. 

La construcción del poder por parte de Néstor y su alter ego, Cristina, tuvo una enorme relación con la causa DDHH, que les sirvió para legitimarse de manera innovadora, aún sin formar parte directa e integral de la historia de los setenta. En una frase contundente que revela el grado de pragmatismo del líder santacruceño, "la izquierda da fueros", puede resumirse este viraje interesante, apropiándose y catapultando al mismo poder, a las Madres de Plaza de Mayo, algo que no obstante, no era tan inédito, ya que tanto Menem con la ley sobre indemnización a los "liberadores" setentistas como Rodríguez Saá con su recepción a las líderes de la ONG en la Rosada, habían iniciado el proceso. Un verdadero "cerebro" del kirchnerismo, fue, sin dudas, Horacio Verbitsky, a quien Reato evalúa como un personaje "inteligente" pero también oportunista, En realidad, todo el kirchnerismo ha explotado al máximo, las peores lacras de los argentinos, entre otras, el oportunismo o la ventaja en el corto plazo, sin importar demasiado los escrúpulos ni el largo plazo. Todo lo demás, es "relato" archiconocido.

Agrega Reato, su coincidencia con el enfoque de otro sociólogo, Manuel Mora y Araujo y sus tres tercios en los que se divide la sociedad argentina.

En efecto, pareciera que el kirchnerismo en realidad, es fuerte no sólo sobre el tercio más pobre, fuera del mercado laboral, con los subsidios y planes sociales que nuevamente, inauguró Duhalde, confundiendo empleo genuino con los mismos, sino sobre todo y paradójicamente, en las clases medias urbanas y empleadas en el Estado. El supuesto refortalecimiento estatal que se da con los Kirchner, también es ficticio, como ha quedado demostrado a lo largo de estos doce años. La misma utopía de vivir por encima de las posibilidades reales, con sueldos y un bienestar asegurado tras la "pesadilla" de los recortes de Cavallo y López Murphy, con aumentos nominales y una inflación que no se desboca más allá del 30 % anual, aunque se caractericen en un país normal, como fenomenales anomalías, aquí, suenan a fantasías realizables que el kirchnerismo hizo posible.

La otra gran anormalidad estructural que la Argentina heredó del Pacto de Olivos, fue la eliminación del colegio electoral y este monstruoso unitarismo fiscal y electoral, con la relevancia inédita del conurbano bonaerense, con lo cual, no extrañaría que las dos principales fórmulas presidenciales, sean íntegramente conformadas por líderes de Buenos Aires, tanto Capital como Provincia, sin el más mínimo reclamo del interior más rico ("la Pampa Gringa") que subsidia a aquella región.

Párrafo aparte tuvo Reato para con Scioli y Macri. Del primero, alabó su enorme pragmatismo (la famosa frase de "la lapicera y la billetera", como disciplinadoras), su ejecutivismo, de espaldas al Legislativo, al cual considera inútil y algunos de sus rasgos que conocen sus más íntimos (el malhumor, la obsesión por el trabajo, su profundo rechazo a Perfil pero su desvelo con Caras y Gente, etc.). Descartó de plano, la posibilidad de que Cristina logre sobrevivir con poder, durante la nueva era, dados los antecedentes del peronismo en tal sentido. 

De Macri, también rescató su pragmatismo aunque valorizó su mayor educación respecto al primero. La obra del Metrobus, llevándola a cabo aún con oposición inicial de los ecologistas como sus últimas reacciones ante el eventual acercamiento con Massa, fueron ponderadas por Reato. Como resulta obvio, analizó la figura de Durán Barba y reconoció su coincidencia, respecto a la relevancia de los liderazgos por encima de los programas, en América Latina. Asimismo, del alcalde de Buenos Aires, ponderó su buen trabajo con las comunidades o diásporas, por ejemplo, la judía y la armenia. 

Punto final para el Papa. Como católico y ex alumno jesuita, Reato, declaró no estar conforme con el excesivo papel del Papa en relación a Cristina, con su última entrevista que duró un par de horas, haberle dejado la iniciativa mediática de su repercusión y cierta influencia manifiesta en la política coyuntural argentina, por ejemplo, el respaldo a Carlés en la Corte Suprema de Justicia. No dudó en manifestar que el preferido del Papa, es Scioli.

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VIDEO DE CEFERINO REATO CON ROBERTO GARCIA

REPORTAJE EN EL DIARIO LA NACION