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jueves, 22 de enero de 2015

EL CASO NISMAN: UN GOBIERNO PRESO DE SUS PALABRAS Y CONDUCTAS

En su denuncia liberada online el martes 20 por la noche, por el Presidente de la Corte Suprema, Lorenzetti, el difunto Fiscal Nisman describe al gobierno de Cristina Elisabet Fernández, como profundamente maquiavélico, capaz de exculpar a los iraníes por el atentado de la AMIA y por el contrario, vía el ex Fiscal Yrimia -confiable para el poder político-, armar pruebas falsas contra "fascistas" locales.



Esa actitud de fabricar coartadas convenientes, manipular, girar en falso y demás, ha sido frecuente a lo largo de la década K. Ahora, se suma, el giro del jueves 22, de la propia Presidente, quien a la manera de una analista política -y no una gobernante-, reconoció, por segunda vez en 48 horas, por redes sociales, y por sugerencia de su hijo Máximo, que la ahora "víctima", Nisman, fue asesinado, para afectar a su gobierno. Las primeras encuestas ya revelaban que una inmensa mayoría de argentinos creía en la hipótesis del crimen.
El pasado lunes 19, dediqué los últimos párrafos de mi artículo aquí, al papel de la sociedad civil activa (de hecho, lo fue en las manifestaciones del mismo lunes por la noche); los opositores (individualmente, salieron a pedir explicaciones a la Casa Rosada) y los jueces y demás fiscales (hubo positivas reacciones, como las del propio Lorenzetti, Presidente de la Corte Suprema, publicando online las 300 páginas de Nisman y la rebelión de los otros fiscales). No mencioné al gobierno adrede, porque suponía que, aún no siendo quien haya ordenado el asesinato de Nisman,  no colaboraría en la resolución del tema, amenazando con convertirse éste, en un eslabón más de la larga cadena de muertes sospechosas y sospechadas que ha tenido la Argentina democrática de las últimas tres décadas.
Pero aún así, no salí de mi estupor con la reacción de la Casa Rosada y su acendrado negacionismo inicial. Primero, la presencia de su máximo funcionario político de Seguridad, Berni, en la propia escena del crimen o suicidio, para "asegurar que todo se hiciera en orden"; la  conferencia de prensa de Domínguez-Di Tullio, donde se manchó la figura del muerto, con dudas, incluso personales y hasta se volvió a cargar contra el Grupo Clarín. Luego, la Presidenta, que autorreferenciándose en un 90 %, tal cual es su costumbre discursiva, al igual que durante las inundaciones de La Plata y la tragedia ferroviaria de Once, emitió un largo e inútil comunicado por Facebook, la modalidad que no usa, en ocasiones mucho más banales que ésta, de gravedad institucional. En el medio, un Juez Federal, como Canicoba Corral quien habló de "suicidio" y una fiscal, Fein, muy cercana a la oficialista Gils Carbó, quien negó la existencia de terceros en el departamento de Nisman. Zaffaroni, el ex Juez encumbrado por los K, a la Corte, relegó la figura del Fiscal, a la de un "pobre muchacho" engañado por los servicios de inteligencia. Aníbal Fernández ratificó la misma postura y para manchar más aún la figura del Fiscal, llegó a dudar de la autenticidad de la elaboración de su denuncia.  Ni hablar de los Alex Freyre, Víctor Hugo Morales y los periodistas de la TV Pública, que fueron una vez más, "soldados" de la causa al extremo, vilipendiando a Nisman. Sólo Timermann, muy implicado en la denuncia, mostró cierto pesar personal cuando se enterò de la noticia en el Aeropuerto JFK. Excepto el ex Fiscal Yrimia y Fernando Esteche, el líder piquetero, nombrado por el denunciante, como uno de los allegados al gobierno, en contacto fluido con los iraníes y comunidad islámica porteña, quien molesto, despertó suspicacias contra sus protectores de años recientes, no hubo fisuras en el elenco gubernamental o los sospechosos de la denuncia, pero sí un cúmulo de juicios apresurados, negaciones, descalificaciones hacia el muerto y por supuesto, mentiras.
El gobierno pudo haber escogido otro camino. Si la declaración y acusación de Nisman, algo novelesca pero fuerte en su contenido denunciativo, carecía de fundamento y era inofensiva para el gobierno, por qué no hacerle frente en el Congreso el pasado lunes y hasta anotarse otro triunfo político que le hubiera redituado al oficialismo de cara a las elecciones, ya sea en su versión Scioli o la más K, Randazzo. Si los servicios de inteligencia, tanto a través de sus agentes oficiales, como los contratados, expulsados o lobbystas, generaron una interna que perjudicó tanto a Nisman al usar sus fuentes como al propio gobierno, haciéndolo responsable político de esta muerte, por qué hasta el día de hoy, no rodaron cabezas en áreas clave, tanto en Inteligencia, como Seguridad (la Ministra y Berni), Justicia y hasta Cancillería, implicada en diplomacias paralelas y acuerdos fracasados. Si se trata de un gobierno ahora conciente de salvar su imagen pública, por qué no se pone al frente de la investigación, le otorga el máximo apoyo al Poder Judicial, diseña una terna o equipo de fiscales ad hoc y hasta impulsa en el Congreso, sesiones extraordinarias para blanquear toda la temática. El oficialismo K puede hacerlo? es capaz de hacerlo? realmente quiere hacerlo? en política, no sólo hay que ser, sino parecer y no basta con comentar crímenes. La conferencia de prensa del PJ, con Capitanich, Fellner, Rossi, Abal Medina, Scioli y Kunkel, al frente, que acaba de terminar, victimizando insólitamente al propio gobierno, testimonia lo contrario.
La comunidad judía ya ha reclamado, la sociedad civil sigue azorada pero expectante, los opositores, querellantes o no, han hablado, pero todos enfrentan límites resolutivos. Si el gobierno no contribuye de manera sustancial y sustantiva de aquí en más, a cambiar el "contexto", vocablo caro a Florencia Saintout, la decana oficialista de Comunicación Social de la UNLP, donde se "banaliza el mal" -en términos de Hannah Arendt-, con medios que discuten pericial y balísticamente el crimen, una vez más, dos alternativas caben: la impunidad puede triunfar o, en otra muestra más de maquiavelismo K, cualquier actor o testigo de la causa (el ex espía Stiusso, los custodios de la Policía Federal, el ayudante Lagomarsino, etc.), puede ser responsabilizado adrede del asesinato.

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