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viernes, 26 de diciembre de 2014

A 23 AÑOS DE LA DESAPARICION DE LA URSS

20 años de la caída de URSS: dos décadas sin mundo bipolar


Tras el Tratado de Belavezha a principios de diciembre de 1991, en el que Rusia, Ucrania y Bielorrusia, firmaron el acta de defunción oficial de la URSS, una sesión especial del Soviet Supremo formalizaría el fin del Imperio, el 26 de diciembre de ese año, disolviendo los poderes del entonces Presidente, Mikhail Gorbachov. Apenas seis años habían pasado desde que éste había sido erigido en Secretario General del PCUS, para "revitalizar" a la Unión y "fortalecer" o "consolidar" al socialismo. Sin embargo, el fracaso económico en el tipo de apertura que eligió, diferente a la china, pero sobre todo todo, la posibilidad que les dio a los ex satélites, de emprender sus propios caminos políticos hacia un modelo socialista "con rostro humano", impidieron la concreción exitosa de su programa inicial. Sólo en el plano de su "Nuevo Pensamiento", la doctrina que guió su polìtica exterior, alcanzó resultados a nivel global, que redundaron en un desarme, primero unilateral y luego, bilateral, con el archirrival norteamericano. Se inauguraría así un período brillante, de paz universal, expansión democrática y ampliación del comercio mundial, con una Europa que recogería los frutos de ello, como nadie, al reunificarse Alemania y también el este con el resto. Hoy, parece lejana esa realidad que despertaría tantas ilusiones y expectativas. Ya la democracia liberal no ilusiona a nadie, todos conocen los costos de ajustarse a la economía de mercado, hasta la paz se relativiza, con los efectos de la crisis ucraniana y la tensión de la relación entre Rusia, la UE y Washington, en gran medida, producto de una pésima comprensión de los acuerdos o no acuerdos que supusieron aquel final tan rápido y abrupto de la URSS. Sin embargo, vale la pena recordar aquel hecho, no sólo por las promesas que abrió, cumplidas y deshechas, sino sobre todo, porque el mundo a partir de ese momento, no fue el mismo. Aún con todos los sacrificios que demandó y demanda la evolución posterior, este mundo es mejor en muchos sentidos, que aquél de la Navidad de 1991.