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sábado, 18 de noviembre de 2017

HORAS DECISIVAS PARA ZIMBABWE Y ROBERT MUGABE

Esta semana fue la más complicada para dicho país de Africa Meridional, erigido en uno de los peores del mundo, si nos dejamos convencer por sus indicadores económicos, de inflación (incierta, de dos a cinco dígitos anuales), fuga de capitales, expropiación de tierras, pero sobre todo políticos e institucionales, con su nonagenario Presidente, Robert Mugabe, que gana elecciones con más del 90 % de los votos, sistemáticamente, con su partido, el ZANU-PF y casi sin oposición, desde 1980.


El martes pasado, se produjo un golpe militar, liderado por el General Constantino Chiwenga, aliado al Vicepresidente de Mugabe -y ex jefe de su policía secreta-, Emmerson Mnangagwa, quien fuera destituido hace 12 días, por la ambiciosa y extravagante cincuentona esposa del Presidente, Grace Mugabe (sudafricana y Doctora en Sociología en 2014) quien además desde marzo pasado, ha decidido anular todos los contratos con China, verdadero sostén financiero de esta país aislado del mundo, paradójicamente octavo productor mundial de diamantes, dejando bajo arresto domiciliario a Mugabe. Aparentemente, el golpe no tuvo el objetivo de derrocarlo -al menos, por ahora- sino de restituir en su cargo a Mnangagwa, quien volvió al país anteayer, inclinando la balanza de la elite de Harare (la capital de Zimbabwe) a favor de la facción "Lacoste", encabezada por el "Cococrilo", el apodo con el que se conoce al Vicepresidente, en desmedro del "G40" -la generación de los 40 años- que secundan a Grace.

Vale la pena repasar quién es Mugabe, en un continente que si bien tiene mucho futuro, ha visto emerger, crecer y caer a dictadores de diferente calaña, tan o más excéntricos como él: el antropófago Idi Amin Dada en la Uganda de los setenta y Yoweri Museveni en el mismo país en la actualidad; Jean Bedel Bokassa I en República Centroafricana; Omar El Bachir (Sudán); Haile Selassie y Meles Zenawi en Etiopía; Paul Biya en Camerún; Idris Deby en Chad; Omar Bongo en Gabón; Lasana Cont en Guinea Conakry; Teodoro Obiang Nguema en Guinea Ecuatorial; Denis N´Guesso en Congo; Mobutu Sesse Seko en Zaire; Paul Kagame en Ruanda; Yahya Jammeh en Gambia y, Blaise Campaoré (desde 1987 hasta 2014) en Burkina Faso. No podemos obviar a Faure Eyadema en Togo, mediante fraude, el sucesor de su padre Gnasangbe (1967-2005). También recordamos el ascenso, la gloria y la brutal caída con asesinato incluido, del coronel Muammar Khadaffy, en la Libia de la "Primavera Arabe", en 2012; a Hosni Mubarak, también caído en desgracia en la Egipto de la misma época y a Zinedine Ben Alí en Túnez. Todos dejaron una estela de muertos, desaparecidos y presos politicos opositores, mientras conservaban decenas de esposas e hijos, todos enriquecidos con cuentas en Suiza y otros países europeos, cuando no, la propia Estados Unidos, cómplices de semejante festival de patrimonialismo y corrupción.

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Mugabe, nacido en un hogar católico, fue el héroe de la independencia de Rhodesia del Sur (luego, rebautizada como Zimbabwe), en 1979, un país donde convivían negros (95 % de la población) y blancos (el 5 % restante), pero bajo el régimen de apartheid al estilo de la Sudáfrica pre-Mandela, pero que logró su cometido de liberarse del Reino Unido, con la promesa del entonces veterano político nacionalista, de respetar contratos coloniales, pacificar el país y realizar cambios sociales en democracia. Concretamente, se pactó con Londres, un régimen parlamentarista multipardista donde se reservaría para la minoría blanca, encabezada por Ian Douglas Smith (1919-2007), una quinta parte del Parlamento. Además, Mugabe necesitaba de la minoría blanca porque ella concentraba el grueso de los recursos técnicos y profesionales, que necesitaba el nuevo país independiente, para no seguir dependiendo sólo de la producción y exportación de diamantes. 

Sin embargo, Mugabe cumplió en parte, sus promesas. No demoró en cambiar la Constitución e instaurar un régimen político presidencialista, donde sería reelecto Presidente seis veces: en 1990, 2000, 2002, 2005, 2008 y 2013. Tras desembarazarse de sus rivales Joshua Nkomo, Ndabaninghi Sithole y el obispo metodista Abel Muzorewa en la alianza independentista gobernante (ZANU-ZAPU), promovió una guerra tribal favorable a sus intereses. No dudó en usar una juventud partidaria armada, los "Green Bombers" para intimidar a sus opositores. En términos macroeconómicos, también fue un pragmático. Tras renunciar al sistema marxista en 1990, encaró una política de privatizaciones masivas, acordando inversiones con China y alentando la producción agrícola de cereales y tabaco, a cargo de la minoría blanca, propietaria de los campos más productivos. Zimbabwe no sólo  mejoraría sus indicadores macroeconómicos y de exportaciones, sino que además, bajaría a un 10 % el analfabetismo. 


Sin embargo, en 1998, el viejo líder volvería a virar drásticamente. En 1998, producto de otra coyuntura económica en deterioro, Mugabe realizó una reforma agraria, que era contraria a los intereses de la minoría blanca, propietaria del 32 % de las tierras. A punta de pistola, mandó a sus adláteres a amenazar y saquear a los blancos en sus granjas, lo cual, sirvió de pretexto para el bloqueo económico y comercial de Estados Unidos y la Unión Europea. Una década más tarde, todos los indicadores sociales y macroeconómicos cayeron en picada: no sólo la inflación más alta del mundo, con la friolera de un 10000 % anual, sino la baja de la esperanza de vida a 36 años y la mortalidad infantil de 650 por mil, en un país que vive ya hace tiempo, del trueque y todo tipo de mercados negros.

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Volviendo a la Zimbabwe actual, los próximos días serán decisivos a la hora de observar con mayor claridad el panorama que se avizora en Harare, en términos de saber si Mugabe acepatará ser un rehén político de los militares, si Grace no hará un contragolpe y si efectivamente, pensando en las elecciones de 2018, finalmente quien herede el control del Partido, del gobierno y del Estado, sea el otrora temible Mnangagwa.

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