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sábado, 24 de marzo de 2018

EL GRAN DEFICIT POLITICO DE PERU

Perú se ha modernizado enormemente. Partiendo desde muy atrás, con carencias estructurales de todo tipo y sólo gozando de un pasado imperial glorioso, muy lejano, tras el fujimorismo -y mal que le pese a Vargas Llosa, que llora por la herida de su ballotage perdido en 1990-, el país mejoró notoriamente su economía: inflación bajo control, privatizaciones, inversiones, bancarización de la población, políticas sociales más eficaces que en el pasado. Aunque la informalidad laboral sigue siendo una de las más altas de la región (73 puntos porcentuales), en niveles que ya había advertido el economista incaico liberal Hernando de Soto en su libro "El Otro Sendero", a fines de los ochenta, el cambio macro en Perú fue una realidad, no un mero discurso de campaña preelectoral.

Martín Vizcarra


Toda esa transformación económica no tuvo correlato en el plano político. Casi todos los presidentes que llegaron después del "Chino" -Ingeniero-, gozaron de una popularidad efímera, con mínimo control del Congreso y excepto Ollanta Humala, que prometía ser el Chávez peruano y estuvo muy lejos de serlo, todos vieron evaporada esa legitimidad. Sin partidos políticos fuertes, incluyendo el APRA de Alan García, a esta ola de insatisfacción popular, debe sumársele el propio legado fujimorista, biológico y político. Detenido, extraditado e indultado, no sólo fue relevante para la política peruana, el destino de Alberto, sino, desde años, el de su familia: sobre todo, sus dos hijos, Keiko, la mujer dos veces candidata a Presidente, que no llegó a la Casa de Pizarro por muy poco margen y Kenji, el varón que pactó con Kuczynski, su apoyo para que no cayera, lo cual dividió como nunca, al fujimorismo, creando más incertidumbre a futuro, pero dejando un manto de impunidad y corrupción generalizada que tiende a manchar y herir de muerte a la frágil democracia peruana.

La incógnita es qué hará ahora el Ingeniero Martín Vizcarra, el ex gobernador de Moquegua y el Vice de PPK, pero que antes de la renuncia de éste, fue nombrado como embajador en Canadá para evitar su propio desalojo por causas de corrupción como Ministro de Transportes. Podrá reencabezar un gobierno con cierta legitimidad para llegar finalmente a las elecciones de 2021 o sólo será una transición breve, donde tampoco queda claro, quiénes serán los herederos, tras la ruptura de los hermanitos Fujimori?



Ni la euforia peruana por el Mundial de Rusia, tras una ausencia de 35 años, alcanza a disimular la severa crisis de confianza en su clase política que vociferan hoy los incaicos.