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domingo, 17 de abril de 2016

ECONOMIA COLABORATIVA: PROS Y CONTRAS

PRESENTE Y FUTURO

Luces y sombras del nuevo fenómeno de la economía colaborativa

  • La fórmula del intercambio , reciclaje o de servicios alternativos se expande en España mientras la legislación avanza a un ritmo mucho más lento
DIARIO LA VANGUARDIA
Luis Federico Florio, 17 de abril de 2016.
Luces y sombras del nuevo fenómeno de la economía colaborativa
Cuando se habla de economía colaborativa se tiende a pensar en el futuro. Pero lo cierto es que es algo que ya está más que instalado en las sociedades europeas, sin que la española sea una excepción. Eso sí, aun queda camino por recorrer: la legislación, fuente de polémica y enfrentamiento, e incluso la propia definición de lo que es la economía colaborativa siguen estando en el aire.
Los expertos la definen como el intercambio de activos en desuso o infrautilizados entre pares a través de plataformas o bases tecnológicas. Alquilar por días la vivienda que no usa una persona, moverse por la ciudad en el coche de otro conductor, la posibilidad de vender o comprar acciones en plataformas sin comisiones son algunos ejemplos.
Lo claro es que se trata de una alternativa que surge ante un sistema económico longevo, que recibe críticas por su dificultad para satisfacer las demandas de los consumidores en una era marcada por el potencial digital.
Adaptarse o morir
“Cuando llega nueva tecnología, los que se adaptan o la emulan tienen éxito. Los que no, desaparecen”. Así de categórico se muestra Josep Francesc Valls, profesor del Departamento de Márketing de ESADE. Sostiene que la economía colaborativa supone “un cambio radical en el que las tecnologías han liderado modelos de negocio rupturistas”. “Su tendencia será de largo impacto”, añade.
Hablar de economía colaborativa supone hablar de transformación: cambian las formas, los modelos de negocio, las plataformas, los costes... Y los proveedores y clientes toman protagonismo, lo que acaba ensalzando los valores sociales.
Tipos de economía colaborativa
En general, se habla de seis grandes modelos de economía colaborativa:1. El marketplace P2P, que responde al intercambio entre iguales en una plataforma 2. El pago de una comisión (fee) por servicio, como LetsBonus, en el que la empresa toma un fee e impulsa el consumo con su actividad 3. El modelo freemium , que ofrece un servicio básico sin coste, y a la vez permite acceder a una mejora en el mismo con más funcionalidades, previo pago4. La gestión y el desarrollo de una marca blanca 5. El reciclaje o reutilización de bienes no deseados6. Un sistema de membresía en el que los ciudadanos se inscriben en plataformas en las que optan a descuentos y promociones.
Con este cambio en los cimientos de la economía se potencia la limitación del consumo y a la vez se hace un uso racional de los recursos. La adaptación se convertirá en algo continuo. Las empresas deberán estar preparadas para innovar de forma constante y contar con una estructura laboral flexible que ayude a avanzar de forma autónoma. Valls cree que las compañías tradicionales no deben “perder energías” en luchar para que la legislación “mantenga su cuota de mercado”, sino que “tienen que ir ganándolo”.
Sector en auge
En España operan unas 400 empresas de economía colaborativa, apuntan desde Sharing España. Al ser difícil calcular el volumen de negocio que generan, aportan otros datos que dan cuenta de cómo crece el sector. Así, desvelan que se crea una startup en el área de fintech cada 3 días, siendo este uno de los sectores de mayor impulso.
Áreas como las finanzas, los servicios o la energía tienen gran recorrido, explica José Luis Zimmermann, director de la Asociación Española de la Economía Digital (Adigital) y al frente de Sharing España.
Modificará todos los sectores
En general, todos los sectores vivirán una adaptación. Desde Adigital apuntan a las finanzas, los servicios o la energía
¿Empresas globales o locales?
Cuando se habla de economía colaborativa saltan a la mente AirBnb y Uber. Unos referentes mundiales que se extienden por todo el planeta. Pero a nivel local surgen decenas de alternativas. Si bien los expertos no apuestan por monopolios de cara al futuro, coinciden en que los grandes dominarán el mercado. “Quien golpea primero, golpea dos veces”, dice Valls.
“La tendencia es a la concentración, con la creación de plataformas globales”, plantea Zimmermann. Aun así, otro futuro escenario podría ser el de mercados fragmentados, donde las startups tendrían muy difícil crecer, siendo uno de sus objetivos ser absorbidas, dice Zimmermann.
No todo es color de rosas
La extensión de las empresas de economía colaborativa, con sus valores y beneficios para el usuario final, no implica que en el camino no se den actitudes reprobables. Al final, cualquiera aprovecha los agujeros negros de la legalidad y la ingeniería fiscal para obtener el mayor beneficio.
Al menos eso es lo que destacan los críticos ante la falta de regulación. Se acusa a AirBnb, por ejemplo, de pagar impuestos mínimos en las ciudades en las que opera. Y es que al no conocerse las cifras de negocio de las grandes del consumo colaborativo, puesto que no cotizan en bolsa y no están obligadas a hacerlas públicas, los detractores creen que gracias a esa falta de transparencia evaden impuestos, igual que los usuarios que rentan servicios sin licencia.
AirBnb domina las plataformas de su sector en la economía colaborativa
AirBnb domina las plataformas de su sector en la economía colaborativa (Andrew Harrer - Bloomberg)
Ante la polémica, AirBnb ha optado por dar algunas cifras de ciertas ciudades para evitar mayores polémicas, como que en Barcelona se ingresaron 115 millones por alquileres. Además, ha pactado con ciudades como Florencia, París, Amsterdam, San Francisco, Washington o Chicago la gestión de las tasas turísticas correspondientes. A ellas se sumará Lisboa a partir del 1 de mayo.
Por otro lado, se critica cierta traición a las bases de la economía colaborativa. Valores como compartir, ayudar o mejorar el sistema no cuadran con buscar pagar impuestos mínimos como cualquier multinacional. “Se toman valores corporativos en vano”, opina Valls. “Deben pagar sus impuestos allí donde trabajan”.
¿Qué pasa con la legislación?
Las fuentes consultadas coinciden en que la legislación no va al mismo ritmo que la expansión del fenómeno. “Llevamos muchos años de economía colaborativa, necesitamos que el poder público establezca las normativas, que se adelanten y que no esperen diez años para legislar”, critica Valls. “Se está retrasando excesivamente en perjuicio de los antiguos y en beneficio de los nuevos”, apunta.
Zimmermann, por su parte, se muestra contrario a esta visión: “la ley no está hecha para proteger al consumidor, sino al actor ya establecido perjudicando a cualquier nuevo actor”.
A ritmos diferentes
La legislación, tanto española como europea, peca de lentitud a la hora de ponerse al paso de la economía colaborativa
Para Valls, los disruptivos aprovechan una legislación laxa para desarrollar su actividad sin ninguna fiscalidad, normativa o requerimiento, por lo que llama a establecer un mismo ordenamiento jurídico para todos. “El ciudadano quiere precios más baratos, pero no saltándose la normativa”, dice. “Se debe regular pensando en el interés general”, completa Zimmermann.
¿Por qué no se avanza?
Existen tres grandes problemáticas, explican desde Adigital. La primera es la regulación fragmentada, con cada Comunidad Autónoma por su parte. El mejor ejemplo es el de Catalunya, que ha tomado la delantera con la regulación de la economía colaborativa sector por sector, a través de mesas sectoriales que definirán los criterios de la actividad en concreto y las obligaciones a cumplir, además de códigos de buenas prácticas.
Una segunda problemática es que se regula “con miedo o poca audacia”, cree Zimmermann. Es algo muy relacionado con el tercer aspecto que está causando problemas a la hora de legislar: el hecho de que se exige un conocimiento de dónde estamos parados hoy y dónde estaremos en el futuro, algo que no se está dando.
En el ámbito europeo la cosa no está mejor. La regulación de la Comisión Europea lanzó en septiembre de 2015 un periodo de consultas públicas y se preveía que se dieran unas líneas básicas de cómo aplicar la legislación actual a la economía colaborativa el pasado marzo.
Jean  Claude Juncker, al frente de la Comisión Europea, lidera los pasos de la organización en la apuesta por una mayor digitalización
Jean Claude Juncker, al frente de la Comisión Europea, lidera los pasos de la organización en la apuesta por una mayor digitalización (Reuters)
Pero la espera sigue, ya que estas guías se han retrasado hasta mediados de año. La CE es consciente de la importancia de dar los pasos con seguridad: “la incertidumbre sobre los derechos y obligaciones de los usuarios y proveedores podrían convertirse en un obstáculo considerable en el crecimiento de la economía colaborativa”, concluía en enero.
Con el nuevo calendario, se prevé que en junio la CE se pronuncie sobre el papel de las plataformas digitales en el marco del Mercado Único Digital-línea crucial del plan Europa 2020- y que en verano presente las guías para la aplicación de la ley vigente en la economía colaborativa. Queda esperar.
A la espera de Europa
La Comisión Europea presentará en verano las guías para la aplicación de las leyes vigentes en la economía colaborativa
Hasta que todo esté definido, se siguen dando pasos en falso. Hay dos sectores que demuestran claramente lo que supone la falta de un marco legal claro y común para todos los competidores: el transporte y el alojamiento.
El transporte, una lucha que se eterniza
A finales de 2014 se prohibió la actividad de Uber en España. Marcó un antes y un después en la irrupción de la economía colaborativa en España, al ser un auténtico varapalo para la expansión de la plataforma. Posteriormente, en noviembre de 2015, se modificó, a través de un Real Decreto, la Ley de Ordenación de los Transportes Terrestres, introduciendo mayores dificultades en la obtención de licencias de vehículos con conductor.
Así se desató una guerra. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) instó en enero al Gobierno a liberalizar el sector y permitir que plataformas como Uber o Cabify compitan libremente con los taxis, deshaciendo los cambios introducidos por el Real Decreto. La CNMC considera que la modificación legislativa presenta restricciones a la libre competencia y al “bienestar general”.
Donde llega Uber genera polémica y manifestacioens de los taxistas. En este caso en Buenos Aires, Argentina, el pasado viernes 15 de abril
Donde llega Uber genera polémica y manifestacioens de los taxistas. En este caso en Buenos Aires, Argentina, el pasado viernes 15 de abril (David Fernández - EFE)
Viendo que sus recomendaciones no surten efecto, la CNMC ha presentado un recurso contencioso-administrativo contra las “barreras” establecidas en la normativa, por lo que ahora será la justicia la que resuelva el conflicto.
Está claro que la ley aún no ha sentado las bases del transporte en la economía colaborativa. De hecho, el mismo noviembre de 2015 que se modificaba la Ley de Ordenación de los Transportes Terrestres,desestimaba la suspensión cautelar solicitada por la Federación del Taxi de Madrid contra Cabify, de alquiler de coches con conductor. Uber no, pero Cabify sí. La diferencia es que la segunda opera bajo licencias VTC(vehículos de turismo de conductor). Uber ya ha anunciado su regreso a Madrid a través de UberX, con la que actuará de forma legal a través de licencias VTC. Eso sí, los operadores bajo licencias no responden a los principios de economía colaborativa, al tratarse de conductores profesionales.
El sector hotelero, otra fuente de problemáticas
La situación es similar en el sector hotelero. “Se están tocando sectores fuertemente regulados, lo que está llevando a fricciones”, concluye Zimmermann.
Como en el transporte, el hotelero es un sector maduro, con un modelo muy establecido y con poca evolución, marcado por los actores tradicionales. Ahora compiten con plataformas como AirBnb, que permiten alquilar viviendas entre particulares. Estos particulares, en teoría, deben contar con una licencia para llevar a cabo el alquiler, algo que no se da en muchos casos.
“No estamos en contra de la economía colaborativa, entendemos que el modelo empresarial del turismo ha evolucionado”, explica Dídac García, Responsable de Asuntos Europeos del Gremi d’Hotelers de Barcelona y de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT).
No estamos en contra de la economía colaborativa, entendemos que el modelo empresarial del turismo ha evolucionado”
DÍDAC GARCÍA
García sostiene que la gran lucha del sector es que las plataformas también sean responsables por alojar ofertas de apartamentos sin licencia, que la ley no recaiga solo en el propietario. Lo argumenta en el hecho de que se dan muchos perjudicados: las arcas públicas que pierden ingresos por la oferta ilegal; la competencia, por actores que no cumplen la normativa; y el usuario final, que no necesariamente accede a un servicio que cumple los requisitos mínimos.
El hotel W Barcelona se ha convertido en referencia del skyline de una ciudad que busca saber combinar la oferta hotelera tradicional con las nuevas plataformas de la economía colaborativa
El hotel W Barcelona se ha convertido en referencia del skyline de una ciudad que busca saber combinar la oferta hotelera tradicional con las nuevas plataformas de la economía colaborativa (LVE - Àlex Garcia)
“Estamos a favor de las nuevas tecnologías, pero siempre dentro de la legalidad”, apunta García. Además, dice que está instalada la idea de que “si se legisla contra aquellos que están actuando en la ilegalidad se está actuando contra el progreso”. El sector defiende, en un documento a nivel europeo, que se establezca un marco común legislativo.
“Es cuanto menos ilógico que convivan en el mismo territorio un mercado fuertemente regulado, como es el hotelero, junto con otro que está totalmente liberalizado”, señalaba en otro informe CEHAT. La patronal citó, por ejemplo, la extensa normativa que deben cumplir los alojamientos, que califica de “excesiva y desproporcionada” a la hora de establecer un negocio, por ejemplo.
Marco común
CEHAT defiende un establecimiento de requisitos similares tanto para los actores tradicionales como los disruptivos
¿Un futuro incierto?
En términos generales, actores y asociaciones apuestan por la convivencia. El problema es que la legislación avanza a otro ritmo. Hasta entonces, los actores tradicionales son los grandes perjudicados, motivo por el que piden un marco común y requerimientos en la competencia, se sea disruptivo o no.
La economía colaborativa es el presente y es el futuro, pero queda mucho por pulir para sacarle el mayor provecho sin perjudicar a terceros.