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miércoles, 24 de febrero de 2016

RECORRIENDO EL PERU EN LOS INICIOS DEL SIGLO XXI

Conocí Lima en noviembre de 2013 y volví a recorrerla junto al sur peruano, este verano de 2016. En ambas ocasiones, me sorprendió gratamente el grado de avance económico y social que logró el país, con una trayectoria que si bien, salvando las distancias, es diferente a la de otrora enemigo, Chile, intentó imitar la consecución de sus pilares básicos y algunos de sus resultados.






En efecto, la sociedad peruana, también pragmática, a su manera, demostró una vez que le encantan los escritores y la literatura, pero no los vota. En 1990, una vez que se había iniciado la transición democrático-capitalista chilena, tras su exitosa embestida contra la nacionalización bancaria emprendida por el entonces Presidente Alan García –casado con una cordobesa de apellido Cafferata Norés- del antiimperialista partido APRA, el célebre Mario Vargas Llosa pasó a liderar el Movimiento FREDEMO y encabezaba las encuestas presidenciales, contra los partidos tradicionales. Ganó la primera vuelta donde terminó enfrentando a otro “outsider” sorpresivo, el ingeniero rural, el japonés “Chino” Fujimori, quien en un increíble e inexplicable giro del destino, le terminó arrebatando la Presidencia al escritor. Así como hay un Chile, antes y después de Pinochet, aunque hoy ya esa figura cobra enorme lejanía, ese hecho del resultado de los comicios presidenciales de 1990 en Perú, marcó a fuego la historia política del país “hermano” de los últimos 26 años.

La evolución posterior es conocida. Fujimori se apropió de las banderas y el programa de su contrincante, aunque con su estilo tecnocrático y autoritario. Inauguró una década parecida a la menemista en Argentina, pero mucho más eficaz. Transformó Perú, trayendo inversiones extranjeras, sobre todo, chilenas, cambió su estructura comercial, invirtió fuertemente en infraestructura y hasta alteró la ecuación de todo el sistema político. El fujimorismo trajo a la arena, nuevos líderes, la mayoría, técnicos, advenedizos, “outsiders” como él: su propia hija Keiko; Andrade, quien fuera alcalde de Lima; el indígena formado en Harvard, Toledo; Pedro Pablo Kuczynski (PPK), quien dejó de ser el académico formado y forjado por Mariano Grondona en Harvard para instalarse en Perú e introducirse de lleno en el mundo farragoso de la política; Lourdes Flores; el propio Ollanta Humala, un militar que intentaría emular inicialmente al venezolano Hugo Chávez.

Varios de ellos junto a Alan García –por tercera vez-, competirán por el cetro presidencial en abril de este año, con resultado incierto, aunque Keiko Fujimori va primera en las encuestas. Acuña, otro “outsider” del siglo XXI, quien iba muy posicionado, acaba de ser defenestrado, luego de comprobarse que plagió el 99 % de su tesis doctoral en la Universidad Complutense de Madrid y otros candidatos como Guzmán y Reggiardo, parecen tomar la posta pero no creo que lleguen a la meta final. Con Ollanta sin delfines, Keiko disputará la final contra PPK, García o Toledo y Perú tal vez, tenga su primera Presidenta mujer, como Chile y Argentina antes.



Pero detrás de esa Perú política, pude visualizar un país más moderno que antaño, aunque con un agudo contraste entre Lima y el interior. En la capital de 7 millones de habitantes, conviven el centro antiguo y barrios pobres como Los Cerrillos, Surco y Surquillo junto a otros que podrían ser propios de Miami: Miraflores (algo parecido a la chilena Las Condes); San Isidro (centro financiero); la intelectual progresista Barranco (la Bella Vista chilena).




No obstante sus semejanzas con el caso chileno, no pueden ocultarse las diferencias históricas. Mientras Santiago fue la capital de una megaguarnición militar, como la Capitanía General de Chile, que no oculta hasta el día de hoy, ese pasado castrense, verticalista y jerárquico, Lima fue la capital de dos Imperios: el incaico, del cual hay signos, símbolos e indicios a lo largo de todo el territorio nacional pero también del boliviano y el norte argentino y, el español. En tal sentido, Lima fue el último reducto hispánico en caer, tras la epopeya sanmartiniana y bolivariana. Como tal, muestra ese carácter señorial y semiaristocrático del cual Santiago, abrumadoramente austera, carece.

Así como los chilenos parecen norteamericanos impostados, los peruanos evidentemente, se hallan chilenizados en sus consumos y hábitos urbanos, aunque muestren un inequívoco sello propio. Retirada Santa Isabel, subsiste Unimarc y se ha sumado el socio de Cencosud, los Hermanos Wong, que junto a Vivanda, Metro y Plaza Vea, constituyen los pilares de la cadena comercial alimenticia de Perú. Ingresar a un Supermercado Wong, aun con sus precios nada baratos, es una delicia. Se trata de acceder a una enorme variedad de productos, muchísimos importados, de los más recónditos lugares del planeta, con una hermosa presentación, incluyendo la gran gama de comidas preparadas. Los peruanos, al igual que los chilenos antes, pero hoy superándolos, exhiben en sus góndolas, frutas industrializadas, en jugos, licuados, mermeladas, incluso, trayéndolas de Estados Unidos.

Como contraste, es una pena recordar cómo en esa misma Argentina de enero, los productores de frutas del sur, tiraban las mismas a la ruta, en señal de protesta por los precios que les pagan las cadenas de supermercados. De un lado de la cordillera, el nuestro, la queja y la insatisfacción paralizante. Del otro, se cultiva hasta en las montañas y se industrializa en verdaderos fundos fortificados, con marcas claras y escalas apropiadas. Perú y Chile son dos ejemplos de capitalismo sustentado en empresas de gran volumen donde todo el mundo es empleado. Argentina quiso inventar otro modelo estructural, donde la clase media quiere ser dueña de Pymes, sin escala  ni dimensión empresaria. Así nos va y así les va a ellos.



El resultado es que mientras en un supermercado peruano Wong, uno puede ver el mundo entero, también podemos comprobar tristemente la escasa presencia argentina: yerba Taragûí, alfajores Havanna, leche Sancor y las heladoras exhibidoras Arneg. Nada más. Ni siquiera innovamos con el dulce de leche. Los peruanos venden su manjar blanco y los chilenos, su manjar "a secas".

Respecto a las estaciones de servicio, además de subrayar el menor precio de la nafta en dólares que en Argentina, lo cual es bastante llamativo, considerando Perú no se autoabastece de crudo, se destacan marcas como Petroperú, Primax, Pecsa, la española Repsol, etc., las que, a diferencia del caso chileno, son administradas por familias como si fueran Pymes, propietarias de las franquicias de aquéllas.

Aun con sus virtudes, este Perú que vive, por razones de ahorro energético, dos horas adelantadas, respecto a argentinos y chilenos, ofrece claroscuros. Por ejemplo, resulta clara la diferencia entre el Perú la costa (Lima, Chincha, Ica, Ilo, Mollendo) versus el Perú de la sierra (Arequipa, Nazca, Tacna –zona libre de impuestos-). Hay una naciente clase media, más fácilmente palpable en los barrios altos de Lima, usando autos importados 0 km de 10000 a 12000 dólares y accediendo a créditos para la vivienda propia, pero también otra parte de la sociedad peruana, con sueldos magros en soles peruanos, que vive de la chicha morada y la salchipapa en las esquinas.







La infraestructura vial peruana también me llamó la atención al igual que en el caso chileno. Hay una única ruta vertebrando toda la costa de norte a sur, pero la misma bordea el difícil litoral costero, con peligros de derrumbes rocosos, pero también arenamientos y por supuesto, con precipicios de gran altura sobre el mar. En un suelo acosado por eventuales sismos, es admirable la ingeniería vial permanente, también contrastando con el caso argentino, mal ejemplo en materia de inversión física-caminera, sobre llanura.






Un espectáculo aparte y diferente, el único lugar donde se respira capitalismo popular a la vieja usanza, al estilo del descrito por Hernando de Soto a fines de los ochenta, en “El Otro Sendero”, es el de las mototaxis, verdaderos transportes humanos, al estilo de las ciudades de la India. Mucha competencia, con bocinazos permanentes, circulando en contramano, desesperación por conseguir uno o más clientes, provocando un verdadero caos vehicular. Abundan en el interior y en las barriadas pobres de Lima, no así, en las más pudientes, donde están prohibidas.


En términos de medios de comunicación, la mayoría de los diarios es sensacionalista, exponiendo romances entre “botineras” y jugadores o chismes de la política. La mayoría de las radios FM son románticas, apelando a nombres como “Felicidad”, “Corazón”, “La Inolvidable” – romanticismo a la antigua, con el brasileño Roberto Carlos, el italiano Nicola Di Bari y el argentino Leonardo Favio, liderando las canciones- y “Oxígeno”, la única donde se presenta música hip hop.  No hay periodistas estrella y el “Lanata” peruano está en Miami: es polémico y se llama Jaime Bayly.




Párrafo final para mi sorpresa respecto a la corrupción policial peruana. Si bien es por todos conocido, que las policías latinoamericanas, excepto la chilena de Carabineros, se caracteriza por diferentes grados de opacidad conductual, finalmente tendremos que confirmar lo ya dicho por no pocos sitios de Internet, respecto a que sobre todo, en los viajes de regreso, donde aparecen todos los controles camineros que no existen en los de ida, tanto chilenos, por razones obvias, como los pocos argentinos que nos aventuramos a viajar en auto, tenemos que sufrir, exigencias insólitas en materia de licencia de conductor, seguros contra accidentes, maniobras supuestamente ilegales, aduciendo la superioridad de normas locales por encima de las nacionales y sobre todo, las internacionales de la región, incluyendo la amenaza de la retención del vehículo. Una vez que se comprueba la futilidad de tales exigencias, viene el correspondiente pedido de soborno o vulgarmente, "coima"